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Secreto N.º 0: Sobre mí.

  • 3 jul 2025
  • 3 min de lectura

Pedro Brunner

«Compartimos un abrazo tímido, recuerdo la colonia terrosa, limpia y otoñal que llevaba, su favorita hasta hoy».


Yo en la Universidad Complutense de Madrid. Foto sacada por @anadelpozooo
Yo en la Universidad Complutense de Madrid. Foto sacada por @anadelpozooo

Pasaje 1: El encuentro.


Esperaba yo nervioso la llegada de mi futuro padre, el reloj marcaba el tempo con su monótono tic-tac, mis pies se movían al compás y me mordía las uñas para contener la inquietud. El suplicio se volvía insoportable, tanto que mi mente se quedó en blanco. Sin embargo, algunas dudas restaban en mi mente: ¿Quién será ese hombre? ¿Hablará portugués? ¿Por qué viene a buscarme?

Tras unas pocas horas, llegó. Era el momento. Entró por la puerta un hombre alto, pelirrojo, de mediana edad. Mis ojos lo estudiaban con recelo, pues, las pintas eran un tanto exóticas con respecto a los cánones brasileiros.

Compartimos un abrazo tímido, recuerdo la colonia terrosa, limpia y otoñal que llevaba, su favorita hasta hoy. Estaba ilusionado, pero el recelo y la timidez me comieron la lengua, no sabía qué decir. Y es que, por fin, después de cuatro años, llegó el momento que tanto esperaba. Abandonamos el orfanato, yo miraba por la ventanilla trasera del coche.

La dinámica entre ese hombre y yo era cohibida, aunque con el paso del tiempo la vergüenza cayó en el olvido y ya parecíamos padre e hijo, vamos, de toda la vida. Los cuarenta días previos a la emigración se pasaron en un pispás.

Cuando me quise dar cuenta ya estaba montado en el avión a punto de abandonar Brasil. Me costaba creerlo, pues, dejar atrás mi tierra natal, hasta ese momento, me parecía inconcebible. Además, me iba lejos, al otro lado del charco. Lejos de mi samba, de mis carnavales, de mi café, de mi bossa nova, de mis favelas, de mi Minas Gerais, de mi Ouro Preto…, todo. Me iba lejos de todo.


Pasaje 2: Llegada a España, tierra de oportunidades.


No había escuchado mucho sobre España, así que fue, sin duda, una aventura. Este país no tenía mucho que ver con Brasil. Los veranos son cálidos y secos, los inviernos fríos y lacerantes, la gente risueña, festiva y gritona. Lo que más he notado es lo rápida que parecía la vida aquí, no estaba acostumbrado al paso presto de la actividad en Madrid.

Mi amor por esta ciudad tiene sus raíces en la libertad y el ambiente gay que ofrece. Nunca habría soñado yo con un sitio tan seguro como Madrid en Brasil. Un sitio en donde explorar mi sexualidad y consolidar mi identidad sin sentirme culpable o cohibido. Ahora, es cierto que discriminación hay en todas partes, pero para mí fue una mejora importante el cambio de aires. Recuerdo las charlas con los amigos gays de mis padres, las vueltas por el centro, las pintas, las actitudes, etc.

Es curioso el impacto que tiene la comunidad LGBTIQ+ en una metrópolis como esta, la cultura y la forma de vida españolas aportan una visión diferente sobre el estilo de vida gay. Sin duda, la capital es un perfecto laboratorio para experimentar y explorar la sexualidad. Creo que la idiosincrasia parrandera por la que son conocidos los españoles complementa de buena manera el carácter de la vida gay: jaranero, rápido, presto y libre. Chueca, epicentro de la comunidad LGBTIQ+ en Madrid, es un perfecto retrato de la festividad inherente de la cultura gay. Con clubs, fiestas y eventos cada semana; shows, bares de ambiente y atracciones turísticas que fascinan tanto a lugareños como a extranjeros.


Pasaje 3: La época dorada de los vicios y la agridulce conclusión.


No fue hasta cumplidos los 20 años que me zambullí en la movida madrileña gay. Dejé que la curiosidad se apoderase de mí y cedí ante los vicios. Ahora, aunque haya hecho algunas cosas cuestionables, no me arrepiento en absoluto. Pues, creo que las experiencias vividas no son más que una parte del proceso de aprendizaje y consolidación de mi identidad sexual. Además, una noche despreocupada por la calle Pelayo, acalorado, con un, o quizás tres, Blancos París encima, con la amiga y unos cigarros, no la cambio por nada. Confieso que me mantiene activo la sensación de patearme medio Chueca con mi amiga a ver dónde nos lleva el viento. O bien, un plan muy bohemio, salir solo y depender de la noche, quizás me trate bien, o quizás no…

Al final el salir y esperar una recompensa es el típico patrón del refuerzo intermitente. En el que el sujeto se somete a condiciones autodestructivas en aras de recibir un premio que alivie todo lo anterior.

En calle Pelayo. Después de salir del club The Moon. Foto sacada por @abi.lleo
En calle Pelayo. Después de salir del club The Moon. Foto sacada por @abi.lleo


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